miércoles, 10 de febrero de 2016

Poesía

Cada vez que se mete mi mano curiosa por debajo de una Moleskine
y desliza con prisa lenta una hoja muerta;
cada vez que mi brazo se vuelca sobre la mesa y
coge un bolígrafo Lux 034;
cada vez que mis dedos presionan la punta del lapicero contra el papel
y me ruega piedad gimiendo en silencio;
cada vez que mi zurda patina en ondas cortas para
intentar escribir una palabra que me deje describirla 
o describir el mundo que me rodea;
cada vez que escucho el fragor de las voces de los tiempos pasados y futuros,
dictándome profecías o aplicándome inyecciones de moral;
cada vez que las palabras, duras, tiernas, puras, ebrias; se mezclan como vértebras 
y forman columnas dislocadas en forma de versos;
cada vez que sucede, me confieso. Me confieso a Dios, a las estrellas,
a las mañanas. Me confieso a las praderas, a la naturaleza,
a la abundancia de las obras, me confieso desnudo, vivo, humano,
me confieso en silencio, 
solo me confieso. 

martes, 5 de enero de 2016

Astete

Astete


Rubén fue mi primer amigo del liceo,
lo recuerdo noble, carismático,
con una sonrisa dura y un porte mejor que el de cualquiera,
no recuerdo si él me habló primero
o yo a él, 
solo recuerdo las puertas de vidrio abiertas,
dejando pasar la luz de los toboganes y los columpios
mezclado con una capa de partículas de polvo, 
y él parado en medio, 
dejándose enmarcar por el sol.
–El recreo es la mejor hora del día.
El timbre sonaba desde antes de sonar,
y yo gritaba por dentro –Fuego, fuego, planetas, fuego,
policias y ladrones–. 
Los demás niños se paraban de sus asientos y corrían 
como una parvada de colores de los cielos más remotos y artificiales
Desplegaban sus alas con sus manos extendidas hacia la espalda, 
lanzaban sus cuerpos inocentes en ese inmenso tubo amarillo, 
que escondía las leyendas de los piratas, 
se empujaban los tobillos y los hombros y llenaban de tierra sus bolsillos,
–Puag–, decían, –te voy a acusar con la mis Pati–, decían sollozos. 
Y yo observaba desde una colchoneta el suicidio de Rubén,
en una estructura de madera un poco alta, como él, 
–¡adiós mundo cruel!– gritaba crédulo. Y lo miraba esperando ver un suicidio
irreal a mis ojos y al mundo, pero real en cualquiera de los demás sentidos.
Y luego me tocaba a mí, y a los demás,
formábamos una cola como de larva y nos cogíamos de los hombros
para no perdernos en el tiempo,
el timbre volvía a sonar antes de que lo hiciera,
y en mi cabeza gritaba –el odio y la vida y el amor y el placer, 
¡el placer nunca muere! ¡es infinito!–. 

domingo, 3 de enero de 2016

Barrancos de imaginación II

he descansado en mi andar 
en una banca del jirón de barranco
con mi orgullo austero de una mala fortuna
puritano de leche y barro seco
descanso en mi tumba escondido

he bostezado con mis manos 
sosteniendo mi alma quebrada
en un rincón de barranco y barro de leche,
oscuro sol de rayos de guerra

ella ha entrado a una galería de la cuadra
vecina, y canta en la pizzería vegetariana
–me extrañaste con las sombras y el barro–
de mi tumba en una banca
y el sol derrite su guitarra

es que así suceden las cosas

cuando arde su música en mis llagas

sábado, 2 de enero de 2016

Barrancos de imaginación I

Fisicamente, era alta, lejana,
bien formada; su rostro tenía
el óvalo de un ángel desterrado,
como se describió a Rimbaud
en los poetas malditos.

Naturalmente, derramaba un postín 
de extensa juventud, en sus pasos;

ritmos lentos, bajo el diurno resplandor.